31 Minutos (Caras)

31 minutos

Aún no tengo la suerte de ver a Dios, pero en su tercera temporada al aire Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque y toda la pandilla de 31 Minutos, sí. Y Dios les hizo una pregunta. Porque según el cine y la televisión, Él tiene la manía de hacer preguntas con gusto a acertijo y luego una oferta donde la víctima se condena o atina. Los muñecos escogieron la peor alternativa (un chanchito con dinero en vez de sabiduría). Así son ellos.

Incorrectos. A Tulio le importan las noticias. Las que su noticiario hace. Al señor Manguera, el dueño de la estación, el canal y sus trabajadores le importan un bledo. Este año ha perdido su empresa al menos un par de veces. Pero el noticiario hizo una Teletón, sospechosamente parecida a la que encabeza Don Francis. ¡Cómo se rió 31 Minutos del único evento televisivo del que es mal visto burlarse! ¿Cómo se atreven? La respuesta es la calidad de los chistes que inundan cada secuencia y cada línea del guión. Aunque los personajes son siempre muy circunspectos y compuestitos (trabajan en la tele y en la tele siempre son todos amigos y llenos de buenas intenciones), la moral del elenco es oportunista. De hecho, inmorales calza mejor. Tulio es un winner, los periodistas se creen autoridad en todo y hacen lo que sea por quedar bien con la cámara y ganar pantalla, mientras que sus vidas son oscuras. Con decir que Bodoque, el de las moralinas ecológicas, es un apostador sin remedio...

Si algo cambió en esta tercera temporada de 31 Minutos son los escenarios. Ya no es obligación que todo suceda en el set. Las aventuras rozan el delirio (si vieron a Dios...) y se acercan cada vez más a la genialidad de El show de Los Muppets, la más obvia inspiración del programa. Tal como sucedía con la rana René y sus secuaces, en 31 Minutos las costuras más gruesas del mundo de la televisión son expuestas con delicadeza por simples y toscos muñecos con egos sueltos como una cabra, y que de lindos no tienen nada. Más aún. Vemos los alambres que los mueven, el ojo mal cosido, la peluca que se les cae. Con 31 Minutos se evidencia, quizá, la verdadera televisión. Y por Dios que da risa.