Jueves, 15 de Mayo de 2003
Álvaro Díaz y Pedro Peirano se especializaron en hacer programas de culto. De su cabeza han salido "Plan Z" y "El factor humano", entre otros, y ahora están dando vida a su nuevo engendro televisivo: "31 minutos", el noticiero conducido y producido por títeres del que todo el mundo habla. Para chicos y grandes.
Sebastián Montalva W.
Álvaro Díaz despertó en la mañana con una idea en la cabeza: investigar la ruta de la caca. Sí, descubrir cuál era el recorrido que hace el excremento humano desde que uno tira la cadena del water hasta que se recicla quién sabe dónde. Esto no fue porque hubiese pasado una mala noche. No. En realidad quería inventar un nuevo programa para el área infantil de TVN. Es más, tenía que hacerlo. "Estábamos en un período de vacas muy flacas", recuerda.
Su reportaje era una nota ecológica. Díaz tomó una cámara y salió a la calle. Pero no iba solo: lo acompañaba un títere con forma de sapo - que iba a ser el reportero- y su amigo Pedro Peirano, quien llevaba una caja con peluches que serían entrevistados durante la nota. Pasó el tiempo, ese sapo se convirtió en conejo - un conejo rojo- y fue llamado Juan Carlos Bodoque.
Bodoque terminó de editar ese reportaje y luego se convirtió en el periodista estrella de "31 minutos", el noticiario de títeres realizado por Díaz y Peirano - responsables de programas como "Plan Z" y "El factor humano", del ex Canal 2- y que se exhibe todos los sábados a las 11 y 13:30 horas, dentro de "Tronia", la franja infantil de TVN.
"Bodoque es el descubridor de "31 minutos"", asegura Díaz con conocimiento de causa. Peirano agrega: "Digamos que en el mundo de los títeres, Bodoque se llevó a Tulio para allá, eran amigos de infancia". ¿Tulio? Tulio Triviño, el conductor del noticiario, un tipo egocéntrico pero adorable, amante de las corbatas italianas. Él y Bodoque fueron los primeros en llegar al programa. Pero pronto aparecieron Policarpo Avendaño, el crítico de espectáculos; Calcetín con Rombos Man, un superhéroe que ayuda a calcetines guachos y enseña los derechos de los niños; los comentaristas deportivos Balón von Bola y Raúl Guantecillo; y los reporteros Tenison y Mico El Micófono, entre otros. Todos ellos dispuestos a revisar, en treinta minutos, la actualidad noticiosa de Chile y el mundo.
¿Por qué se llama "31 minutos" entonces? "Por la ridiculez de que se llame "31"", responde Peirano. Así de claro.
Lunes por la tarde, productora Aplaplac, comuna de Providencia. Los responsables humanos de "31 minutos" están reunidos en una pieza - tapizada de títeres- discutiendo cómo será el capítulo final del programa. Las risotadas van y vienen. "Lo que quisimos hacer esta vez fue ampliar el punto de vista que nosotros tenemos sobre la televisión", explica Díaz sobre el estilo que, junto con Peirano, ha desarrollado en sus programas. "Hicimos una especie de sociedad con gente que ya estaba cohesionada en (el colectivo de diseñadores y músicos) la Nueva Gráfica Chilena, que tenía un punto de vista distinto, más ligado al circuito artístico, y una estética que nos gustaba. El grupo original somos nosotros dos, pero se integran Daniel Castro, Rodrigo Salinas (guionistas) y Matías Iglesis (director de arte). Ahí se crea un punto de vista que es propio de "31 minutos". Eso es lo grosso, en "31 minutos" salen ene cuestiones al aire que yo no habría hecho, que no se me habrían ocurrido".
- ¿Cómo nacen los personajes? ¿Están basados en referentes de la vida real?
Peirano: "En general ninguno de ellos está referido a alguna persona en particular, salvo que tienen guiños, por supuesto, principalmente Balón von Bola y (Raúl) Guantecillo, que son una pareja de periodistas deportivos similares a las que llevan años trabajando en televisión".
Díaz: "Uno busca diseñar el personaje lo más atractivo o gracioso te parezca. No buscamos a quien parodiar. Cuando entras en esa dinámica fracasas ostensiblemente".
Peirano: "Tulio y Bodoque obviamente tienen rasgos de mucha gente, pero no sólo de conductores de tele o de periodistas. Tienen rasgos de tíos nuestros o de nosotros mismos. La idea es hacer personajes lo más humanos posible".
Díaz y Peirano coinciden en que una de las grandes influencias para hacer "31 minutos" ha sido "Los muppets". "Ahora nos dimos cuenta de que los títeres tienen una raza propia y un humor propio, un títere cayéndose en "Los muppets" y cayéndose aquí provocan humor en sí mismo", explica Peirano. "Pero no puedes tener los chistes de ellos", agrega Díaz, "porque eso sería copiar. Entonces tienes que desarrollar un humor propio a partir de ese sentido del humor".
- Los personajes que han hecho no necesariamente tienen cara u ojos.
Peirano: "El Calcetín (con Rombos Man, que es un calcetín con antiparras) dio pie un poco para eso, principalmente porque a nuestros socios de la Nueva Gráfica les encantó el calcetín. Con eso empezamos a desarrollar la idea de que todo es títere, con ojos o sin ojos. Eso potenció no sólo la idea del títere producido, del muppet muy claro en su raza, sino de que cualquier cosa que se moviera podía ser títere".
- Ustedes juegan harto con lo estúpido. ¿Lo abordan desde el punto de vista de que eso es gracioso, o como una ironía de lo malas que son las notas periodísticas reales?
Díaz: "Una nota mala en la tele real es graciosa, ésa es la lógica. Uno puede parecer como crítico al sistema si uno la parodia, pero yo la encuentro graciosa esencialmente, y si la estoy haciendo o exagerando es porque es muy gracioso. Bodoque, por ejemplo, usa contraplanos de él haciendo preguntas, para mí eso es gracioso. Si para mí fuera sólo reírme pensadamente, que es la ironía sin humor, a mí eso me carga, es el humor que más odio".
- ¿El programa les gusta a los niños, o es más para adultos?
Díaz: "El calcetín y el ranking musical los niños se lo vacilan. Existen otras cosas en las que hay que seguir la historia: son chistes no tan para todos los niños, pero nosotros hacemos un programa para niños y estamos convencidos de eso".
Peirano: "No creemos que hacemos chistes en que los niños quedan colgados. Tenemos suficiente cantidad de personas como para comprobar si la cuestión se entiende o no. La idea es hacer un programa de niños que si quieren lo ven los adultos".
Díaz: "O sea es un programa de títeres y los títeres no tienen edad. Eso es más cómodo que la cresta".
Pedro Peirano no titubea al afirmar que junto con Álvaro Díaz ha conformado una dupla de culto. "Querámoslo o no, hemos impreso un punto de vista y una personalidad a los programas que hemos hecho", dice. "Ojalá que los programas que yo haga los vea todo el mundo, no un grupo selecto de gente, pero finalmente parece que uno fabrica programas de culto (...) Nos preguntaban si teníamos alguna autocrítica, y yo dije Si querís puedo criticar "Plan Z" o (el cómic) "Chancho cero", pero esto ("31 minutos") no puedo, es como criticar a un hijo. Debe tener falencias, pero en cinco años las sabré, ahora es un programa que nos gusta como sale".
Recién está iniciando su primera temporada (este sábado se transmite el capítulo diez), pero "31 minutos" ya cosecha sus primeros éxitos. En junio será editado un disco con las canciones del programa (que incluirá los ya clásicos "Lala" y "Bailan sin cesar", entre otros) y luego aparecerá un álbum de monitos. "La televisión infantil es cara de producir. La única manera de (hacerlo bien) es como lo hacemos nosotros, con fondos (obtuvieron financiamiento del CNTV)", explica Díaz. "Empezamos a trabajar en octubre, estamos en mayo, nos queda un mes de trabajo para terminar los 21 capítulos. Cada programa dura media hora, lo que es menos de un día de tele. Entonces, si toda la tele se produjera así, estaría todo quebrado hace tiempo".
"Uno podría salir con la ridiculez de que con creatividad se soluciona todo", dice Peirano, "y no es así, porque este programa tiene el mito de que es un programa barato y no es nada barato. Por lo tanto, la creatividad no es la única solución, también lo es la inversión, los recursos".
Díaz y Peirano hacen televisión infantil, pero aseguran que para esto no es necesario tener alma de cabro chico. "Somos del clásico tipo de personas que siempre nos dicen que lo que hacemos está mal, hacemos tele y nos dicen ustedes no deberían hacer tele, porque no estudiaron tele", reflexiona Díaz. "Entonces para mí no es que ahora vaya a jugar a ser cabro chico, porque el cabro chico que tengo aquí adentro a mí nunca me ha caído muy bien. El asunto es que uno desde chico ha manifestado el derecho a ejercer su punto de vista, porque tienes confianza en él, contra un montón de gente que me dice que ese punto de vista está absolutamente equivocado. Y yo creo que me va a ir mejor si sigo saliéndome con la mía, si sigo haciendo lo que a mí me gusta, pese a que me digan que está mal hecho. Y nos ha ido bien así"